Desde niño me obsesionaban las nubes. Mi abuela decía que pasaba horas mirando el cielo, buscando formas e imaginando qué había arriba: un castillo con ángeles y medusas, una montaña donde vivían los dioses griegos, algún fantasma. Ella me decía que también estaba Dios. Yo me lo imaginaba en un penthouse con binoculares, espiándonos.

La primera vez que viajé en avión tenía 7 años. Recuerdo el momento exacto en que atravesamos las nubes: miré por la ventana y no podía creer que el suelo era la parte de arriba de las nubes. Se extendían hasta donde alcanzaba a ver: montañas y cuevas hechas de nubes donde imaginaba que habría conejos e iguanas. Me quedé mirando embobado. Pensé que algún día iba a escribir esto para que lo leyeran mis hijos. Aunque a esa edad ni siquiera sabía si los tendría.

Nunca dudé que sería científico de nubes. Estudié física, armé mi laboratorio y me tomó 7 años desarrollar mi primera máquina. Cuando niño soñaba con el poder de hacer nubes con mis manos, como un X-Men. Resultó que la ciencia y la magia tenían harto en común.

Al prototipo le puse Nubile. Era del tamaño de un iPhone. Lo probé por primera vez en la cocina: “Nubile, crea un conejito”

De su ranura salió vapor blanco y denso que se iba apretando. Primero aparecieron las orejas y después el cuerpo hasta formar un conejo que cabía en mi mano. Lo miré un buen rato, traté de no respirarle encima. Pasado 1 minuto se empezó a desvanecer hasta que no quedó rastro.

Llamé an mis tres hijos para seguir probando. Me pidieron hacer un auto, un Pikachu y un calcetín con rombos. El hijo del calcetín siempre había tenido intereses alternativos. Igual se emocionaron tanto, que me pidieron que fuéramos al parque a seguir haciendo nubes. Guardé a Nubile en el bolsillo y salimos.

En el camino miré al cielo, es costumbre. En esta ciudad nunca faltaban nubes. La de hoy tenía forma de mariposa. Se la mostré a los niños, pero ni me escucharon. Estaban decidiendo qué le pedirían a Nubile cuando llegáramos.

Ya en el parque, probamos hacer figuritas cada vez más grandes: un mono de nieve como Olaf, un Minion del porte de mi hijo menor, una Capibara. Las familias nos miraban. De la nada éramos los populares.

Un niño que se veía muy tímido esperó a que termináramos y me tiró de la manga.
-Señor, ¿podría hacerme un elfo doméstico como el de Harry Potter?
-Obvio que si!!
Lo recibió sonriendo con sus dos manitos y se alejó caminando despacio. Cuando volví a mirarlo, se lo estaba mostrando a sus amiguitos.

Así es cómo empezó a formarse una fila. Mis hijos consiguieron papel y un plumón, anotaron mis datos del banco y pusieron un cartel: “La sonrisa de su niño no tiene precio. Ayúdenos a mantener la alegría y la ciencia viva”.

Yo seguí haciendo nubes.

Después ya no eran solo niños. Los papás pedían con propiedad: un Yoda, el Trono de Hierro de Game of Thrones. De hecho, una pareja de jóvenes se me acercaron y me pidieron una creación más sofisticada al oído. Lo hice mirando para otro lado. Me transfirieron el doble!!!

Mientras más figuras hacía Nubile, más crecía la fila y más subía la plata en mi cuenta. Una mamá influencer subió el vídeo de su hija que atravesaba corriendo a la Peppa Pig de nubes. Se viralizó en 5 minutos.

A las 7pm decidí que volveríamos al día siguiente. Todavía quedaba gente esperando en la fila, llamé a mis niños que habían estado jugando por ahí y nos fuimos.

En casa pedimos comida y le contamos todo a mi señora. Los niños hablaban al mismo tiempo. Ella escuchó mientras repartía las papas fritas y después me preguntó:
- “¿Y dónde se va el humo cuando se va?”.
- “Se mezcla con el aire” - le expliqué- “No se va, se transforma”.

Repartí el 49% de las ganancias entre mis 3 hijos. Después se lavaron los dientes y nos fuimos a dormir. Dejé a Nubile cargando junto al celular. Soñé que escribía un cuento llamado “El científico creador de nubes”. Mis hijos se lo devoraban y llegaban al final antes de que yo lo terminara de escribir.

Me desperté sudando, como si me hubiese llovido. Mi señora ya se había levantado. Tenía 49 llamadas perdidas. Como todas las mañanas, primero lo importante: abrí Instagram: Un MILLÓN de nuevos seguidores!!!

Había videos del parque tomados desde ángulos que no recordaba. En TikTok me llamaban Mr. Nube. Tenía mensajes de periodistas y correos de empresas interesadas en fabricar Nubile a gran escala. Leí dos propuestas sin salir de la cama. Una sugería cambiarle el nombre: en inglés, me explicaban, nubile no significa lo que yo creía.

Pensé: “esto se volvió grande”.

Llamé a los niños para ir al parque. No estaban.
Llamé a mi señora. No respondió. Tampoco estaba.
Fui a buscar a Nubile. El cable seguía junto al celular, pero la máquina no estaba.

Era obvio: se me habían adelantado. Debían de estar en el parque.

Tomé las llaves del auto y salí a la calle.

Miré al cielo, como es costumbre…
Estaba COMPLETAMENTE DESPEJADO!
De un azul que nunca había visto.
Miré detrás de los edificios…

Por primer vez en mi vida, no vi ninguna nube.

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Gregorio Salaya

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