Con voz triple equis que enciende la libido,
la sexóloga nos dijo en la última sesión
que después de 15 años de matrimonio,
nos toca “explorar nuevos territorios”.
Se me erizaron las pestañas y los pezones.
Generé tanta saliva que me atraganté.
Es que somos una pareja muy tradicional,
educados en la fe y el miedo al pecado.
Tenemos certificado de pureza moral.
Contratamos una doctora del deseo
para que nos tradujera las hazañas
de nuestros amigos más desenfrenados
La ingeniera del orgasmo nos repitió:
“Miren este ejercicio como una pasantía”
Mi señora se lamió los dientes y le preguntó:
-¿A qué se refiere Madame Erótica?
-Piensen que están haciendo un documental
sobre tribus exóticas del National Geographic.
Nosotros, estudiantes muy aplicados
partimos la investigación de la tribu Italiana.
Vimos una película bien educativa y explícita.
La parejita se desnudaba con elegancia
se tocaban y cocinaban spaghetti y pizza.
Usaban aceite de oliva de formas innovadoras.
Nos propusimos replicar la escena en el living!
Fuimos incógnitos a la cripta del sex shop.
Muy campestre. Muchos utensilios faliformes.
Compramos un cohete de SpaceX turquesa,
y disfraces de la Mona Lisa y Da Vinci.
De regreso, elegimos nuevos nombres:
ella Giulia Gioconda y yo Leono Leonardo.
Ya en casa, colgamos la bandera de Italia.
Sacamos el juguete con solemnidad,
y partimos actuando inspirados en la película.
Exploramos en la cocina: spaghetti y pizza,
nos aplicamos mucho aceite de oliva,
y empezamos a copular al ritmo de Bella Ciao.
En medio del acto, el olor a pasta hizo nacer nuestro espíritu carnal italiano colonizador.
La Torre de Pizza se irguió esplendorosa.
El Coliseo Romano fue inundado por lluvia.
Mamma mia, Leonardo che ritmo più profondo!!
Madonna santa, più forte Gioconda mia!!
Desde ahí que no pudimos parar de gritar a lo Tarzán. Chillábamos como cerdos en el matadero.
Gesù Cristo, che tettas amore Giulia!!!!
Ancora! Ancora! Mamma mia, Leonardo!!
Sì, Sì così… come la carbonara!!!
Vaffanculo… ma in senso buono!!!!!!
Berreamos con tanta potencia,
que los vecinos se preocuparon…
Empezaron a tocar el timbre
Enviaban mensajes por si estábamos bien,
o si la mafia nos estaba torturando…
decían que iban a derribar la puerta
decían que iban a llamar a la policía
Nosotros no escuchamos nada.
La pizza se empezó a quemar.
Se prendieron las alarmas de incendio.
Nosotros resistimos, estoicos, poseídos.
Sto venendoooo Giulia Gioconda!
Bella Ciao MAMMA MIA Leono!
Ahhhhh Sìììììì. Ahhhhh! Sìììììì!!!
Luego un silencio de iglesia.
La culpa judeocristiana nos cayó encima.
Era el peso de la cruz. Oh por mi gran culpa!
Así que decidimos ir a pagar los pecados
a nuestra madre patria: ITALIA.
Así seguimos practicando el idioma
y nutriéndonos en la cuna cultural de Occidente.
—
Gregorio Salaya